Ayer por la tarde se celebro una nueva sesión de “Aula de la Salud” organizadas por el Norte del Castilla. En esta ocasión contamos con la presencia de la Doctora Laura Lillo, Neuróloga del Hospital Recoletas Segovia, que hablo sobre la “Medicina del sueño”.

 

¿En qué consiste a grandes rasgos la Medicina del Sueño?

Es una disciplina que nació hace unos cincuenta años que principalmente se encarga del estudio, diagnóstico y tratamiento de los trastornos del sueño. Es cierto que, en general, es desconocida incluso para los propios médicos; pero su ámbito es multidisciplinar, a diferencia de otras especialidades.

¿Qué especialidades confluyen en ella?

La neurofisiología fundamentalmente, así como neumólogos, neurólogos, odontólogos, otorrinolaringólogos e incluso la cirugía maxilofacial, por ejemplo.

Como neuróloga, ¿qué aporta su especialidad a los objetivos de la Medicina del Sueño?

Se hace un abordaje más desde el punto de vista de un cuadro integral. La verdad es que en España deberíamos mejorar porque hay muy pocos profesionales dedicados en comparación con otros países.

¿A qué cree que obedece ese desconocimiento?

La Medicina del Sueño y los trastornos que trata es como si estuvieran denostados porque, por un lado, los pacientes lo viven como algo personal y no lo consultan con el médico generalista. Luego, por otro lado, con frecuencia los médicos no lo consideran. Sin embargo, la privación de sueño entraña malas consecuencias para la salud, y hay que tener en cuenta que el 40% de nuestro tiempo lo pasamos durmiendo.

¿Cuáles son los trastornos más frecuentes?

La mayoría de las consultas son por insomnio, por apnea de sueño y por trastornos respiratorios. Luego hay otros casos como la narcolepsia o somnolencia excesiva, por ejemplo.

¿La siesta, por ejemplo, es un hábito bueno o perjudicial para salud de una persona?

No es buena ni es mala. Sí puede pasar que si se prolonga más de treinta minutos, puede privar del sueño por la noche y no es deseable. Por un lado, están los ritmos circadianos que siguen un ciclo de unas 24 horas; y dentro del día hay unos ritmos ultradianos que cada 45 minutos aproximadamente hacen que el nivel de alerta disminuya. Teniendo en cuenta esto, por ejemplo, cuando la Dirección General de Tráfico dice que hay que descansar cada dos horas cuando se está al volante, en realidad tendría que ser cada tres cuartos hora. Es algo fisiológico. A partir de los 5 o 6 años de edad la persona se puede organizar con un solo descanso diario.

Parece que los síntomas del sueño tienen mala prensa.

Es cierto que está mal visto. El sueño se percibe como desinterés, vagancia o se identifica con una actitud pasiva; pero nada más lejos. Es necesario tener un descanso adecuado para poseer un nivel de alerta adecuado también. A nivel físico, los trastornos del sueño tienen muchas consecuencias, interfiere en las habilidades sociales y quienes los sufren se creen culpables. Esa mala imagen hace que, por ejemplo, pacientes con narcolepsia tarden en ser diagnosticados.

¿Cuánto debería durar ese descanso adecuado por la noche?

Está en función de la edad y de la propia genética. La duración de la vigilia, es decir, de cuanto se esté despierto también influye. Creo que siete horas diarias es suficiente. Luego hay gente que con cuatro o cinco horas tiene suficiente y no necesita ni tan siquiera siesta.

–¿Se puede aprender a dormir bien?

Hay que enseñar a dormir a los jóvenes. De niños están bien enseñados y son los adultos los que se pierden y más tienen que aprender.