- Mayor control del apetito y de la conducta alimentaria
- Reducción del riesgo metabólico y cardiovascular
- Pérdida de peso significativa y mantenida
- Mejora de energía, movilidad y calidad de vida
- Prevención de complicaciones futuras
No se trata de una solución definitiva, hay que acompañarlo con cambio de hábitos y debe ser indicado y supervisado por un médico para garantizar su seguridad y eficacia, ya que no todas las personas son candidatas a recibir este tratamiento y pueden tener efectos secundarios si no se administran correctamente. Este tratamiento es especialmente indicado para pacientes con un IMC superior a 30 o más de 27 que además padecen enfermedades relacionadas con la obesidad y es importante
