Desde el momento en el que sabes que estás embarazada debes acudir al especialista para empezar con los controles del embarazo, con el fin de vigilar que el embarazo progresa adecuadamente y que el feto se está desarrollando correctamente. El ginecólogo resolverá todas las preguntas, dudas y temores que como futuros padres os puedan surgir.

Como norma general, se recomienda un control mensual con ecografía hasta las 32 semanas de embarazo, realizándose las pruebas necesarias para prevenir y diagnosticar posibles complicaciones. Conforme se acerca la fecha del parto, los controles se tendrán que hacer con mayor frecuencia.

Además, cada trimestre es necesario realizar analíticas para valorar que tanto tú como el feto os encontráis adecuadamente, así como prevenir y detectar posibles complicaciones, siendo algunas de las más comunes las infecciones del tracto urinario, la anemia, que en caso de ser más marcada de lo normal hay que tratar con hierro o vitaminas y la diabetes gestacional, ya que puede potenciarse la posible aparición de una diabetes que suele revertir después del embarazo. En FIV Recoletos realizamos las analíticas en nuestro propio laboratorio, lo que nos permite realizar un control integral del embarazo.

En las últimas semanas del embarazo, y durante el parto se te realizarán monitorizaciones fetales, una técnica no invasiva que emplea un aparato que registra en una pantalla el número, la intensidad y duración de las contracciones y la frecuencia cardiaca fetal y que permite controlar la actividad uterina y el bienestar intrauterino del feto.

Durante tu embarazo el ginecólogo te irá informando de los síntomas de alarma que pueden indicar algún problema. Es importante que los conozcas para, en caso de darse, consultar inmediatamente con tu ginecólogo. Algunos de ellos son:

  • Sangrado vaginal.
  • Dolor abdominal y pélvico intenso, tipo cólico.
  • Síntomas de tensión arterial alta: dolor de cabeza con visión borrosa, ver lucecitas) o zumbido de oídos.
  • Contracciones uterinas antes de tiempo.
  • Edema o hinchazón principalmente de pies o generalizado.
  • Vómitos persistentes.
  • Cambios importantes en la frecuencia o intensidad de los movimientos fetales.
  • Fiebre.
  • Disuria (dolor o ardor al orinar, orina oscura o arenosa).
  • Salida de líquido amniótico por la vagina (romper aguas).
Recoletas Red Hospitalaria

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